MUDITA

YOGA

El Señor de la Muerte


Ahora que se percibe cómo el “fervor” del primer mes de confinamiento se fue diluyendo… y, más aún con el verano, en la mayoría de personas queda lejos… Ahora que probablemente haya aflorado la dispersión… Ahora es el momento de tocar este tema porque, aunque “entre” en pocos, lo siento necesario y obligado.

Yama significa “freno” o restricción a la hora de comportarse con el entorno, o sea, el primer escalón de Patanjali. Pero también significa en el hinduismo “el Señor de la Muerte”. Podrías combinar estos dos significados: ¿qué es lo que te frena o restringe la muerte?, ¿a qué te obliga?, ¿qué crees que ganas o pierdes?

Casi todos entendemos que después del día viene la noche. Y esto es una “comprensión natural”, porque solemos vivir de acuerdo a esta Comprensión: nos vamos a casa para descansar, o para cenar, o bajamos la música porque es tarde, o si hay que acostar a los niños, etc. Es decir, hay un saber de fondo que hace que distribuyamos nuestro tiempo y actividades de acuerdo a si es de día o de noche.

Pero con la vida y la muerte, que viene a ser lo mismo, no pasa igual. Entendemos que todos moriremos, que después de la vida viene la muerte…, pero no lo Comprendemos: no vivimos de acuerdo a ello.

“Los seres humanos viven como si no tuvieran que morir nunca y mueren como si nunca hubieran vivido” (Dalai Lama).

Algo nos pasa, tenemos algún mecanismo inconsciente que nos hace “olvidar” nuestra naturaleza perecedera: el que se muere siempre es el otro. Pero por muy larga que sea mi vida, tu vida…, tiene un final. La vida siempre es breve. Esta muerte (o noche) que viene después de la vida (o del día) no parece afectarnos, transformarnos. No es algo que solemos tener en cuenta a la hora, por ejemplo, de hacer planes de futuro. Escuchamos que se ha muerto un vecino, o las cifras de muertos este fin de semana en accidentes de tráfico, o por el covid, o en la guerra del Yemen, etc. Pero sólo nos “toca”, más o menos, cuando es una muerte cercana (algún familiar o amigo)… o cuando se trata de nuestra propia muerte (si es que llegamos a verla venir y no la esquivamos, sino que nos preparamos para ello). (¿Y cómo nos preparamos si no hemos sido educados en este asunto tabú? ¿Si no hemos sido educados para hablar de la muerte como del tiempo, con naturalidad? ¿Si no hemos vivido con la muerte siempre al lado, como una amiga, compañera, hermana, que al ser Comprendida es la mejor “consejera”, la más audaz “animadora” y el más refrescante “consuelo”?).

Y al mismo tiempo que tendemos a mirar de lado esta cotidiana muerte, en el fondo (o en la superficie) tendemos a creer que la Vida no termina al morir. Que después de la muerte (o la noche) viene otra vida (o día). No hace falta poner nombre a esta creencia (consciente o “subterránea”). Porque si pensara que al morir se acaba Todo Lo que Soy, ¿qué importancia tendría, por ej., robar o no, matar o no, ser más o menos consciente, ayudar o perjudicar a los desvalidos?, ¿qué más da si me comporto como Hitler o como un Buda? Creo que casi todo el mundo, consciente o inconscientemente, “sabe” que no es igual, que todo tiene sus consecuencias, sus repercusiones… Y que al morir no todo desaparece… Y que al nacer, no sales de la nada…

Cuando teorizamos, filosofamos sobre esto, podemos llegar a conclusiones distintas, sistemas de creencias distintos…, pero ¿qué pre-sientes? ¿Qué pre-sientes que es tu muerte? ¿Qué pre-sientes que perderás, que ganarás? ¿Qué quedará de lo que ahora Eres?

En un texto yóguico, un Upanishads, dice Yama (el Señor de la Muerte) a un evolucionado discípulo:

“En el cuerpo humano, que es el fruto de los actos conscientes, hay una entidad que vive en el cielo del corazón, la verdadera morada de la divinidad, y que paladea la Verdad que se esconde en los milagrosos descansos de la mente. También hay una entidad que padece el impacto ineludible de las acciones pasadas. Estas dos entidades no son lo mismo.”

No es lo mismo la muerte del cuerpo y la Gran y Liberadora Muerte. La muerte del cuerpo es a lo que nos referimos normalmente en el lenguaje coloquial, cuando se termina la gasolina-energía que da vida al coche-cuerpo… Pero al día siguiente, en la siguiente vida otro cuerpo-coche…, y así estamos renaciendo y muriendo, renaciendo y muriendo…

Esto es el mundo del cambio, del Samsara, de la rueda de la insatisfacción, del deseo… Y a esta muerte le tenemos miedo todos (excepto los que han Despertado, Comprendido). No hay que confundirse: miedo a la muerte es lo mismo que apego a la vida. Y al mismo tiempo hay un miedo a la Gran Muerte, miedo al Misterio, miedo inconsciente a la Divino (puedes ponerle el nombre que quieras)… Y ésta no es la muerte del cuerpo, sino de “Lo que crees que eres”. Porque intuitivamente “sabemos” que con la llegada de la Gran y Liberadora Muerte desaparece la identidad falsa, la identidad separada, tu vida creyendo ser una ola…, una ola en constante cambio e insatisfacción… Una pequeña ola temerosa de diluirse en Lo Eterno Impersonal, en el Todo Oceánico, en “Lo que verdaderamente Eres”.

La Gran Muerte es el final de muchas pequeñas muertes-vidas, muchos coches-cuerpos que cumplieron su misión. Ahora, en la Gran Muerte, ya no se necesitan más coches, ha terminado el viaje…, Ahora entras en la Vida. Por eso, un verdadero Maestro es algo tremendo, da miedo, es un foco de Luz y Fuego que te que quema, que te invita a acercarte y morir… Es la muerte del sufrimiento, del ego, y la “revelación” del Ser.

El domingo anterior mencionábamos el final del Yoga, con la culminación del último Samadhi y esto es la última muerte. Ya no habrá más.

¿Qué dice Patanjali?

Patanjali señala a Abhinivesah, el miedo a la muerte, como la 5ª causa del sufrimiento o insatisfacción humana (la 1ª y raíz de las demás es Avidya o falta de Comprensión): 1ª Como no sabemos lo que somos (Avidya), 2ª nos agarramos a lo que creemos que somos (Asmita=ego); 3ª y nos apegamos (Raga) a todo lo que va a favor de nuestro ego o personalidad; 4ª y rechazamos (Dvesha) todo lo que va en contra de ella; 5ª por eso, surge Abhinivesah, cuyo significado se puede ver desde el apego a la vida (Raga) o desde el rechazo-miedo a la muerte (Dvesha). (Yogasutras, II, 3). Y señala Patanjali que este deseo sostenido por la vida, este apego a la vida, está presente en todos: animales, ricos, pobres, jóvenes, ancianos, etc. (II, 9).

Así, reducir el apego al cuerpo-coche ayuda a disminuir este miedo a la muerte. Reflexionar y meditar sobre este tema, o leer sobre él, también va disminuyendo este miedo. Y aunque te parezca complicado (para mí lo es), el inconsciente lo va registrando. Aunque no lo veas, vas plantando semillas que en su momento darán fruto. Tener presente a la muerte no es nada tétrico, y si es así, se debe sobre todo a la educación recibida. Pero cuando algo se mira y se mira, empieza a ser familiar y amigable. Y su compañía da brillo a la Vida, la enriquece, aumenta el aprecio (que no el apego) por ella.

*** Para esta semana la PROPUESTA es tener presente este tema. Y para ello aconsejo una sencilla e importante MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE. El domingo anterior dijimos que las formas de meditar pueden ser distintas. En este caso tiene un porcentaje alto de reflexionar y analizar…, para luego “escuchar” lo que el asunto tratado nos quiera decir.

… … … Todos los días vemos morir a alguien, pero el Todo nunca muere.

Y terminamos este simpático Curso. Me siento muy, muy agradecido por haber podido compartir estos textos dominicales e intentar expresar el Yoga desde “otro sitio”.

Un fraternal abrazo…

¡Que tengas y construyas un Feliz Día, que sea la causa de una Feliz Noche…, y ambos den lugar a un Feliz Tiempo…, que condicione una Feliz Vida.., y te deje... en las mansas manos de una Bienvenida y Liberadora Muerte!

Om Shanti, Shanti, Shanti

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