top of page

SOBRE LA MEDITACIÓN (XI): cuando se prueba “a ver qué pasa"

  • Foto del escritor: Dharma José Blázquez
    Dharma José Blázquez
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

A lo largo de los años he visto como son bastantes más las personas que prueban un día la meditación…, “a ver qué pasa”, que quienes continúan probando un cierto tiempo. Y suele suceder que se saca enseguida una conclusión, una opinión. Pero ¿cómo puede sacarse una conclusión por un día? Casi cualquier juicio que se establezca sobre esa meditación, ese día, no puede ser válido. Es como determinar si voy a realizar un curso para aprender chino o aprender piano sólo con el criterio de ¡un día!


Normalmente vamos a probar o curiosear “esperando”, “ansiando”, que me vaya Bien… Pero es muy común encontrarse con que me molesta estar un cierto tiempo en la postura, o que se me duerma una pierna, o que me vengan y me agobien muchos pensamientos, o que me cueste observar tres respiraciones seguidas, o… Pero el comprender verdaderamente (no teóricamente) que no son esas cosas los obstáculos que me impiden acercarme a la meditación, sino mi reacción reactiva con ellos, es algo que suele llevar tiempo (a veces mucho tiempo). Para estar Bien, estar en Paz con lo que hay, he de atravesar todo eso que me molesta, lo cual requiere Constancia, Determinación y gran Interés.


Por ello, si alguien quiere probar la meditación (aunque hay técnicas distintas y podemos sintonizar más con unas que con otras), lo mejor es reflexionar: ¿de verdad quiero intentarlo?, ¿en serio?, ¿o es que hoy no tengo otro plan mejor e iré “a ver qué pasa”… Pero es conveniente saber que si tengo un cierto interés, quizás probando 2 o 3 meses (y claro, practicar un poquito en casa) llegue a tener algo de criterio, de fundamento para decidir si sigo o no, si realmente me interesa o no.


Y es que cuando hay muchas personas que llevan muchos años i n t e n t a n d o m e d i t a r y sienten que apenas han dado un pasito, ¿qué decir de quienes llevan un par de días?. Si bien es cierto que en cada persona el proceso es muy distinto: dos meses en una persona es como dos lustros en otra. (Aquí siempre es conveniente matizar que, en sentido estricto, la meditación no depende del tiempo, de haber practicado un día o un un año…, porque lo Real está Aquí y, cuando se está “maduro como un niño”, puede suceder Ahora.)


Cuando nos apuntamos un día “a ver qué pasa” es bastante común que no pase nada. Porque no hay una predisposición (de momento) para ello, es decir, para ver algo que ya esta ahí, en ti, pero que no te has parado a mirarlo.

O también si nos apuntamos “a ver qué pasa”, puede suceder que salgamos corriendo de la práctica, porque lo que suele superficialmente pasar no nos atrae, es anodino o nos incomoda: confusión mental, dispersión, “jaleo” con el cuerpo, etc.

Aunque también es posible que en este “a ver qué pasa” pueda suceder la “suerte del principiante”, que entra en lo meditativo fresco, inocente, sin expectativas… Y resulta que con estos requisitos se sintoniza con lo meditativo con más facilidad y fluidez. (Y por ello, se recuerda a veces a los veteranos que adopten la “actitud del principiante”.)


Pero si nos apuntamos con ganas (hoy o cuando estemos listos) de Ver, de Mirar bien para Comprender, entonces a la superficie borrosa y a veces incómoda de la meditación no le daremos una especial importancia.

Porque por debajo de esa hojarasca intuiremos aguas más profundas: más claridad, más tranquilidad, más armonía cuerpo mente, más aceptación, más Paz, etc. Para meditar, como para casi todo en la vida, se requiere poner el Alma en ello, sentir la llamada y acudir. Mientras tanto, sólo nos acercaremos “a ver qué pasa”…


José (Dharma)

Comentarios


bottom of page